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Terra
La Coctelera

Categoría: Pensamientos y experiencias

PHILLIP: RETRATO LONDINENSE

Esta imagen retrata perfectamente el ambiente sosegado y cachondo de una mañana de fin de semana en Portobello Road (London).
Llamémosle Phillip.

Parece estar burlándose de cualquier persona que pretenda romper esa actitud hacia todo lo establecido. _Pretendes quitarme la felicidad, pues lo llevas claro_

En esta localización van y vienen cientos de miles de personas en todo el año, intercambian miradas, conversaciones regateantes y "pounds", pero, aún mezclándose, casi ni se tocan. Sorry sí, pero nada más.
Es lo que dice mucha gente cuando viene de Inglaterra: "sí sí, mucho perdón, perdón, pero la ostia te la llevas de todas formas (por ejemplo, en el metro). ¿A quién no le ha pasado? Diferentes ritmos, distintos hábitats, como lobos.

Phillip parece experto en el asunto, caminando sin mirar hacia adelante, solo a las tiendas, saludando a todos/as, con alegría. Eso es lo que hizo que me detuviera a retratarlo. La verdad es que ni me hizo falta pedirle permiso. Vio que enfocaba y se paró, echó la lengua, no dijo ni mu, solo una leve pero entrañable sonrisa, y se fue. Continuó con alegría, saludando a todos/as, sin mirar hacia adelante, mientras el perro se batía entre hombro derecho o izquierdo para acomodarse. Un malabarista.
A veces es lo que hace falta, con tantas preocupaciones, tensiones, trifulcas, riñas y demás, ¿no es mejor tomarse la vida como Phillip, sin importar que te miren, que hablen de ti o que se rían?

Volver a empezar

Hace mucho tiempo que no escribo. Muchas son las oportunidades que he tenido, en las que lo he intentado, pero por causas de agotamiento mental, al tener (eso pensaba yo: obligación) que escribir sobre la putrefacción política que estamos sufriendo. Pero no. Resulta que para sacar las basuras y miserias un partido u otro ya están los medios de comunicación, que engalanan cualquier discurso, maquillan cualquier medida con un deslumbrante juego de palabras y demagogia eterna.

Espero darle un vuelco a esto, orientar mis esfuerzos y mis palabras a sensaciones más "apacibles", con desasosiego, calma y sentimiento. Y todo ello, a través de la fotografía.
Porque un cambio de ritmo, no hace falta que sea aumentar o disminuir, solo un cambio es el principio.

"Es en el cambio donde hallamos el propósito". Eráclito.

Bienvenidos/as

Miguel Lois


Cuando las barbas de tu vecino veas cortar...

Recientemente ha sido publicada la decisión de ayudar a Grecia con su crisis. Entre tanto, las medidas en aquel país para abaratar el gasto público y reducir el déficit, en resumen, han sido:

- Aumento de la edad de jubilación: La edad para jubilar, establecida actualmente en 65 años para los hombres y en 60 para las mujeres, estará ligada al promedio de expectativa de vida.

- Las pensiones del sector público serán reducidas en 8% adicional. Las pensiones serán reducidas para reflejar el pago promedio del pensionista durante la totalidad de su vida laboral más que el nivel de sus últimos salarios.

- Subida de impuestos del alcohol, tabaco y combustibles: Los impuestos internos sobre combustible, cigarros y alcohol registrarán un aumento de 10%. El Gobierno espera generar ingresos adicionales a través de otro impuesto extraordinario sobre compañías con alta rentabilidad. También impondrá nuevos permisos para jugar, más impuestos a la propiedad e impuestos verdes.

- Subida del IVA: será aumentado en 2 puntos porcentuales hasta 23%. Ya había sido incrementado a 21% desde el 19% registrado en marzo.

- Bajada de salarios generalizada.

- Recorte de beneficios a los funcionarios: Los bonos de Navidad, Semana Santa y vacaciones de verano  del sector público, también conocidos como los salarios  treceavo y catorceavo, son abolidos para aquellos que ganan  sobre los 3.000 euros mensuales y serán limitados a 1.000 euros  para quienes ganen menos.  Estos bonos ya habían sido reducidos en un 30%  bajo un paquete previo de medidas de austeridad anunciado en  marzo.

- Congelamiento de pagos del sector público extendido hasta el 2014.

- El Gobierno dijo que modificará las leyes que actualmente impiden que las compañías despidan a más del 2% de su fuerza laboral total cada mes. Paralelamente se realizarán cambios respecto a los pagos de indemnizaciones.

- Se introducirá un nuevo sueldo mínimo, que se aplicará a los jóvenes y a los desempleados por un período extenso.

- Etc.

¿Os suena?

Y mientras tanto, pagamos con dinero que no tenemos y esperamos a deber con tal de quedar bien. Menudo chollo de país en el que vivimos.

EL GATO

No creo en el destino. Me niego a pensar que todo está pensado y planeado. Impetuosamente creo en la buena o mala suerte de las coincidencias. Siempre he pensado así aún cuando visitaba semanalmente una iglesia, ya hace tiempo.

Al encontrarnos con alguien, no me cuesta demasiado empatizar con la persona, ponerme en su lugar y pensar que puede que lo esté pasando mal, justificando alguno de sus actos, ya sean buenos o malos. Por lo tanto, me cuesta juzgar de buenas a primeras una acción que vista objetivamente podría acusarse de tendenciosa y malintencionada. Lo mismo me ocurre con los animales. Si muerden, o ladran, o te asustan, me acojo al instinto, al hambre o a la educación que han recibido.

Hoy en día esto no ocurre con frecuencia. La insensibilidad está instaurada en las personas al mismo nivel que la hipocresía y los intereses. Los medios de comunicación, la política, el sensacionalismo, el aumento y tipo de delitos o la corrupción están acabando con la inocencia de la juventud. Las buenas intenciones. Todas las personas ya no son buenas por naturaleza, sino que los lobos abundan por encima de los justicieros. Esto se va aprendiendo con el tiempo, a través de golpes y desilusiones con las personas.

No pondré excusas. Podría alegar oscuridad y que no lo había visto. Se podría aludir a la prisa que tenía, a lo oscuro de la calle y que no era un lugar apto para detenerse. También podría sentir inseguridad ante alguna enfermedad que me podría transmitir al pertenecer a la vida de la calle, los contenedores y la intemperie. Pero no voy a justificarme. No me detuve.

Una noche, ya tarde para mí, en una calle de doble sentido separada por una mediana, se encontraba un gato moribundo, probablemente recién atropellado. Iba conduciendo y reduje la velocidad para ver qué era. Un gato negro y blanco, clamando ayuda, indefenso. Se debatía entre maullar por algún apoyo y tiritar por el dolor, encogido en su agonía. Miré varias veces, casi detuve el coche para observar si verdaderamente era un gato. Se veía desvalido, inocente, desorientado, temeroso y dolorido. Al dejarlo atrás miré varias veces también por el retrovisor, dudando si dar la vuelta en la rotonda cercana, parar, llevarlo a casa y cuidarlo. Pero aparecieron las dudas. En otro tiempo, seguramente no habría dudado un segundo. En otro tiempo, habría parado, me habría bajado del coche a toda prisa dejando la puerta abierta en medio de la carretera, sin importarme, lo habría recogido y metido en el coche y me lo habría llevado a casa para curarlo y darle de comer. Estoy seguro.

Recorrí unos kilómetros pensando en el gato, poniéndome en su lugar, intentando sentir la inseguridad y el miedo que seguro tenía. Me sorprendió la poca dificultad que experimenté para conseguirlo. Pero no me detuve. La insensibilidad actual se apoderó de mí. "Es un gato, probablemente a los pocos minutos me olvidaré de él". Y es así, una llamada telefónica, un encuentro con un amigo, una conversación y se olvida la sensación de culpabilidad, amparándonos en cualquier excusa. Esto ocurre en el día a día. Cada cual a lo suyo. Los encuentros son puras coincidencias, y cada uno/a sigue su camino sin detenerse ante las desgracias ajenas.

La insolidaridad es un mal al que todo el mundo tiene opción, sin que nadie pueda recriminárselo, pero que cada uno/a puede recriminarse a sí mismo.

Libertad de Expresión

Libertad.

(Del lat. libertas, -ātis).

1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

2. f. Estado o condición de quien no es esclavo.

3. f. Estado de quien no está preso.

4. f. Falta de sujeción y subordinación. A los jóvenes los pierde la libertad.

5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.

6. f. Prerrogativa, privilegio, licencia. U. m. en pl.

7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.

8. f. Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.

(Fuente: www.rae.es)

La libertad de expresión es un derecho fundamental o un derecho humano, señalado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, y las constituciones de los sistemas democráticos, también lo señalan. De ella deriva la libertad de imprenta también llamada libertad de prensa.

El derecho a la libertad de expresión es definido como un medio para la libre difusión de las ideas, y así fue concebido durante la Ilustración.

Límites a la libertad de expresión:

Según la Organización Foro de la Libertad, los sistemas jurídicos, y la sociedad en general, reconocen límites a la libertad de expresión, en particular cuando la libertad de expresión de los conflictos con otros valores o derechos. Limitaciones a la libertad de expresión puede seguir el "principio de daño" o el "principio de delito", por ejemplo en el caso de la pornografía o el "discurso del odio". Limitaciones a la libertad de expresión puede ocurrir a través de la sanción legal y / o la desaprobación social.

(Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Libertad_de_expresión )

El derecho a la libre expresión es uno de los más fundamentales, ya que es esencial a la lucha para el respeto y promoción de todos los derechos humanos. Sin la habilidad de opinar librememte, de denunciar injusticias y clamar cambios - el hombre está condenado a la opresión.

Por estas mismas razones, el derecho a la libre expresión es uno de los más amenazados, tanto por gobiernos represores que quieren impedir cambios, como por personas individuales que quieren imponer su ideología o valores personales, callando los otros.

La lucha por la libertad de expresión nos corresponde a todos, ya que es la lucha por la libertad de expresar nuestro propio individualismo. Respetar la libertad de los demás a decir cualquier cosa, por más ofensiva que la consideremos, es respetar nuestra propia libertad de palabra.

(Fuente: http://www.derechos.org/ddhh/expresion/ )

José María Aznar daba una conferencia en una ciudad española y era difamado por unos jóvenes con conductas violentas, gritos, insultos, amenazas, impidiendo en muchos momentos su locución, con el desenlace esperado por ellos, el desalojo forzado. ¿Un tío no puede llegar a una reunión y hablar de lo que quiera sin faltar al respeto a nadie, sin insultos, descalificaciones, perjurios, sin que otros intenten censurarlo? No estoy defendiendo lo que allí se ha dicho, ni comparto la opinión del señor Aznar, pero no por eso me planto en su reunión y le insulto con el fin de acallarlo sin fundamentos ni bases. Hace unos meses ocurría algo parecido en una comparecencia del señor Fraga en una universidad andaluza. Soy gallego, y como gallego sé qué males y que bienes ha hecho este señor por mi tierra, y no por eso, cuando habla le insulto, porque para algo está la libertad de expresión arriba descrita.

Al hilo de esta situación, me viene a la memoria un artículo de Carmen Posadas, publicado hace pocas semanas en una revista, y que llevaba como título El pensamiento en pack. Allí hacía un análisis de las conductas que se están viendo en la sociedad, en los políticos y en los jóvenes. Me permitiré hacer unas preguntas resumen: ¿Tan ignorantes somos como para creer que todo lo que hace el partido político de nuestros amores está bien? ¿Somos tan cenutrios que nos creemos que todo lo que dice un partido es correcto y lo que dice el contrario es incorrecto? ¿Por qué no podemos coger lo que más vaya con nuestra capacidad de razonamiento de cualquier idea política? ¿Acaso no es eso en lo qué se basa la libertad personal de elección? A esto hacía referencia el título del artículo.

En dicho texto se hacía referencia a un hecho muy común por estas fechas, y éste es: si opinas algo que va en contra de tus interlocutores te lo reprochan sin fundamento. Simplemente, uno no puede ser de izquierdas, por ejemplo, en una reunión en la que compartes mesa con personas de ideas políticas que tiran más hacia la derecha. La autora ensalzaba la libertad de opiniones, lo rico que se vuelve un debate entre amigos cuando hay posturas que difieren, lo bien que resulta un diálogo en el que el otro te ofrece perspectivas de “tu partido” que tú, hasta ahora, no habías visto ni apreciado. También hace referencia a lo mal que está haciendo esta situación a los jóvenes que vienen con más energías que pensamiento. Hace un recordatorio a la tan denostada censura vivida, recordando que censura no es sólo acallar mediante la represión violenta, sino también que ésta se lleva a cabo no respetando las opiniones de los demás y cayendo en la descalificación gratuita y vana. Avisa, también, que así como la censura del pasado fue tan negativa y afectó tanto a nuestro país, la censura actual, la que se hace con la palabra en la calle, entre jóvenes, etc., también puede hacerlo en la medida en que aglutina una serie de conductas, ideas, pensamientos y orientaciones hacia una postura general, la de que si no piensas como yo no eres bienvenido ni respetado. Y ahí puede verse la involución a la que estamos llegando y el daño tan grande que se está haciendo a mentalidades aún no desarrolladas completamente, fácil y tremendamente dirigidas hacia una u otra orientación política . Para ilustrar esto, vasta con ver una película, La Ola.

¿Hasta cuándo vamos a permitir la burla, el circo y la función?

¿Por qué se empeñan en seguir creando falsas reuniones y acercamientos si ya sabemos que para lo único que sirven son para perpetuar la discusión que se traen entre manos?

Me he encontrado con mucha gente que dice estar harta de la política, que los políticos son todos iguales, que no hacen nada, que solo “chupan” del frasco hasta que se les agota la credibilidad, etc., pero luego permitimos este juego en el Gobierno. Un servidor está bastante harto ya de que los medios estén manipulados, dirigidos hacia un lado u otro, de que en la política local haga falta un amigo o una promesa de voto para conseguir un trabajo, de que siempre te enteres de que el representante de turno es más hijo de puta de lo que ya pensabas tú de entrada. Al final salen las cuentas, todos son iguales. Pero lo peor es que estamos ante una política de lo políticamente correcto, que nunca se moja en nada, de las descalificaciones baratas, de las insinuaciones entre representantes de uno u otro partidos mayoritarios. ¿Quién sufre este daño y esta inoperancia? Pues nosotros, los que seguimos dándoles cuerda y alimentando este debate. Siguen y siguen con medio-insultos, recordatorios de épocas que ya nunca volverán, en vez de presentar soluciones. Unos dicen que los que están no valen, que han perdido el tren de la dirección política de un país, pero que luego no presentan una propuesta de mejora, de cambio real, y no amparada en lo posible, en cuentas de la vieja para que al final veamos que tenían razón desde la miseria. Al final a lo mejor es lo que quieren, que nos vayamos todos a pique para frotarse las manos y regresar con nuevas leyes más opresivas. Por otro lado, está la postura del “a verlas venir”, que es como está el Gobierno ahora y desde hace ya algún tiempo. Lo que proponen, lo hacen rapidito y corrriendo, no vaya a salir el otro con una mejor. No se paran a pensar en las repercusiones, no miran los beneficios de todos, sino los de unos pocos. Este país tiene grandes e inmensas brechas abiertas, y por supuesto que es muy difícil (creo) dirigir a un país, pero para algo los hemos votado y para algo están ahí, con lo que tienen que apechugar. Y si ésta es la manera de apechugar que tienen, burlas, risas entre ellos, luego debates acalorados con descalificaciones, luego comidas más o menos amables, vaivenes políticos con el único objetivo de dejarse llevar hasta que vengan las elecciones, y mientras, pa´la saca todo lo que venga.

Tras este panorama, mejor que vengan otros con un corazón más grande, porque por lo menos, sino sacan leyes o propuestas innovadoras, originales y con carácter, no nos joderán como lo están haciendo estos aprovechados, y tan a la vista.

Lo triste de todo esto es que sabemos que lo hacen, conocemos a quién lo hace, lo criticamos, luego lo votamos, y lo permitimos, y siempre hay algún aprovechado gobernando. Y esto es un bucle del que nadie da una solución válida. No hay alternativas válidas para un sistema en el que la escalada política dependa de favores, la escalada laboral dependa de favores, la construcción dependa de favores, el encontrar un trabajo dependa de favores. Y así, a través de favores se va fraguando este país, donde todo el mundo hace favores, que luego te cobra en forma de votos. Un país donde la honestidad ha dejado paso (si alguna vez la ha habido) al amiguismo, hipocresía, caciquismo, mentiras, favores. Y lo permitimos. Ellos se ríen, en sus despachos, de la lotería que les ha tocado, y pensarán: pueblo ignorante.

¿Hasta cuándo?

España ¿VA BIEN? PUERCA POLÍTICA: DEJAD que TODOS MAMEN de MÍ

Hace unos años salía en la tele hasta la saciedad un fragmento de una comparecencia de Aznar ante los medios en los que agregaba y enfatizaba que España iba bien, cuando la realidad social era bien distinta, era desmoralizadora y descorazonadora. Estábamos hartos de que nuestros políticos y políticas pasaran de nosotros y de nosotras. No atendían a la verdadera realidad, enfrascados y recauchutados en promesas a corto plazo, luego a largo, y por último, promesas incumplidas. Esa sociedad política, casi aristocrática (o más bien, que se cree) superior a la gente de a pie. Ahora vemos cómo las políticas sociales, ayudas varias y una idea de atención a la ciudadanía se ha apoderado de la sociedad. Pasa algo, llama al Estado. Te secuestran, llama al Estado. Se te rompe el calzoncillo por esconder unas monedillas para ahorrar, llama al Estado. Ya lo comentaba Pérez-Reverte unas semanas atrás. Ahora todo el mundo pide ayuda al Estado. Lo malo fue la gestión, y se están viendo los resultados. Ayer, Zapatero ante sus ahijados: “No estamos peor que hace seis meses”. O sea, que España va mejor. Algo parecido, y que afortunadamente está dando qué hablar por ahí. Hacen bien. Todas estas sentencias políticas más o menos condescendientes, tomadoras de pelo de ciudadanos y sin fundamento lógico, lo que vienen a decir es: “Seguimos tirando para adelante hasta que nos echen y ya no haya demasiada capacidad de respuesta. Y tal vez en ese momento, reconozcamos que nos equivocábamos en las decisiones tomadas. A pringar, conciudadano”. Debemos de dejar atrás un sentimiento que por aquí por Galicia abunda mucho. Me refiero a ciertas actitudes pelotilleras para con los políticos de turno que nos representan en los ayuntamientos. Es decir, ese o esa pelota que besa el suelo que pisa el alcalde o la alcaldesa, que ríe gracias injustificadas, con esa sonrisa bobalicona, como quien está delante de un niño de 3 años. Ignorantes. Deberían hacernos la pelota ellos, los políticos, a nosotros. Dejarse de tonterías, invitar a unas cañas, reírnos un rato y contarnos sus propuestas en el bar, en la farmacia, en la peluquería, matarnos la cabeza con ideas, ilusiones que tengan, decisiones, comentarios de plenos, etc. Pero no lo hacen, y así nos va, seguimos tiritando de frío político e inhumano. Sigamos dándole de comer, vamos, y aún encima, hagámosles la pelota. Dejad que todos mamen de mí.

CLINT, CLINT.

Hacía tiempo que no me detenía a escribir sobre algo que tuviera que ver con el cine, más o menos actual. ¿A quién no el gusta el cine? ¿Quién puede desechar la opción “ver películas o ir al cine” cuando le preguntan en alguna encuesta? Últimamente andaba yo un poco desanimado en este aspecto, porque entre el precio de las entradas, la calidad interpretativa, que va cuesta abajo (siempre es una opinión personal), y el gran espectáculo hipócrita montado en torno a este circo, todo ello, daña gravemente al cine. Claro que para no generalizar, estamos obligados a referirnos al hollywoodiense. Ya saben: “grandes” actores y actrices, “grandes” productores y productoras, efectos especiales, etc. Desde mi punto de vista, desde que tengo (aunque sea) algo de criterio, y es algo que se gana viendo pelis, siempre me han gustado ese tipo de cintas que buscan la sensación, la ruborización, la piel de gallina, ese nudo en el estómago, ese giro que hace que te olvides de que es en realidad una película, y te identifiques con determinado personaje y con su historia. Ya me entienden, un plano secuencia de presentación, un contrapicado espectacular que hace que sepas de qué va un personaje, un vestido rojo arrebatador con cabellos rubios platino en medio de unas cuantas decenas de hombres trajeados, etc.

Por esto, he decidido dirigir mi atención sobre un director forjado entre platós de cine, desde abajo, actuando y dirigiendo. Últimamente más lo segundo, pero que siempre demuestra que está hecho para esto hasta que venga el tío más fuerte de la Tierra y le diga: ¡Basta, hasta aquí, ya has hecho bastante, ya has jugado bastante! (Espero que ese día no llegue nunca).

Clint Eastwood, al margen de su aire serio y gruñón, tiene ese halo de hombre experimentado, gruñón también, pero bueno y pedazo de pan en el fondo, trabajador (rueda una película en apenas unas semanas), y que siempre te aporta algo cuando vas a ver una peli suya, actuando o dirigiendo. Últimamente, me he dirigido al cine, más que nada, para ver sus películas. Desde la ya celebrada Million Dollar Baby, hasta Gran Torino (Oh!), Banderas de nuestros padres, etc, etc. Y ahora, Invictus. Aún no la he visto, aún no me he dado el lujo por falta de tiempo, pero promete. He leído por ahí que no recibe buenas críticas, que no es de lo mejor suyo, que no llega al nivel esperado para este gran creador y mostrador de historias. Pero yo ahora, como aficionado al cine clásico, admirador de personajes de la talla de Orson Welles, Hitchcock, Scorsese, De Palma, Los Hermanos Marx, Chaplin, Godard, Antonioni, Wilder, Allen, etc., ahora me pregunto, ¿esperaremos a que deje este mundo un pedazo de director para incluirlo en la gran lista? ¿Esperaremos a que nos deje para rendirle homenaje? Para él, seguro, un homenaje es ver sus películas, con eso le basta, porque seguro que es así, gruñón, serio, mal-encarado, pero un tipo bonachón.

Clint, siempre Clint.