Hacía tiempo que no me detenía a escribir sobre algo que tuviera que ver con el cine, más o menos actual. ¿A quién no el gusta el cine? ¿Quién puede desechar la opción “ver películas o ir al cine” cuando le preguntan en alguna encuesta? Últimamente andaba yo un poco desanimado en este aspecto, porque entre el precio de las entradas, la calidad interpretativa, que va cuesta abajo (siempre es una opinión personal), y el gran espectáculo hipócrita montado en torno a este circo, todo ello, daña gravemente al cine. Claro que para no generalizar, estamos obligados a referirnos al hollywoodiense. Ya saben: “grandes” actores y actrices, “grandes” productores y productoras, efectos especiales, etc. Desde mi punto de vista, desde que tengo (aunque sea) algo de criterio, y es algo que se gana viendo pelis, siempre me han gustado ese tipo de cintas que buscan la sensación, la ruborización, la piel de gallina, ese nudo en el estómago, ese giro que hace que te olvides de que es en realidad una película, y te identifiques con determinado personaje y con su historia. Ya me entienden, un plano secuencia de presentación, un contrapicado espectacular que hace que sepas de qué va un personaje, un vestido rojo arrebatador con cabellos rubios platino en medio de unas cuantas decenas de hombres trajeados, etc.
Por esto, he decidido dirigir mi atención sobre un director forjado entre platós de cine, desde abajo, actuando y dirigiendo. Últimamente más lo segundo, pero que siempre demuestra que está hecho para esto hasta que venga el tío más fuerte de la Tierra y le diga: ¡Basta, hasta aquí, ya has hecho bastante, ya has jugado bastante! (Espero que ese día no llegue nunca).
Clint Eastwood, al margen de su aire serio y gruñón, tiene ese halo de hombre experimentado, gruñón también, pero bueno y pedazo de pan en el fondo, trabajador (rueda una película en apenas unas semanas), y que siempre te aporta algo cuando vas a ver una peli suya, actuando o dirigiendo. Últimamente, me he dirigido al cine, más que nada, para ver sus películas. Desde la ya celebrada Million Dollar Baby, hasta Gran Torino (Oh!), Banderas de nuestros padres, etc, etc. Y ahora, Invictus. Aún no la he visto, aún no me he dado el lujo por falta de tiempo, pero promete. He leído por ahí que no recibe buenas críticas, que no es de lo mejor suyo, que no llega al nivel esperado para este gran creador y mostrador de historias. Pero yo ahora, como aficionado al cine clásico, admirador de personajes de la talla de Orson Welles, Hitchcock, Scorsese, De Palma, Los Hermanos Marx, Chaplin, Godard, Antonioni, Wilder, Allen, etc., ahora me pregunto, ¿esperaremos a que deje este mundo un pedazo de director para incluirlo en la gran lista? ¿Esperaremos a que nos deje para rendirle homenaje? Para él, seguro, un homenaje es ver sus películas, con eso le basta, porque seguro que es así, gruñón, serio, mal-encarado, pero un tipo bonachón.
Clint, siempre Clint.
