Estudias porque te dicen que tienes que hacerlo, porque hay que ser algo en la vida, porque es una obligación hasta que cumplas los dieciseis, o porque te gusta (estos cada vez son menos).

Piensas que estaría de puta madre ganar mucho dinero haciendo algo que te gusta. Luego, a muchos los llama el espíritu del empleo remunerado ya a los diecisiete o dieciocho, pueden andar a su aire, comprar una moto o un coche, tener cierta independencia, y dejan los estudios. Hay que respetar todo tipo de decisiones, al fin y al cabo, es la vida de cada uno la que está en juego y se ve alterada por una forma de vivir más fácil, sin tener que aguantar a profesores, sin tener que estudiar para un exámen, y cosas de esas. Hay que reconocer que a quien no le gusta estudiar no hay que obligarlo, y hace bien en ponerse a trabajar, ya que ahora y gracias a los tiempos que corren no nos vemos obligados a dejar los estudios para trabajar para sacar una familia adelante, como ocurría antes.

Cuando llegas a la universidad, el que llega, ve que está haciendo algo que le gusta, piensa que queda mucho para terminar la carrera, y hace bien en disfrutar, porque esa época nunca volverá. Pero luego? ¿Qué ocurre al terminar? El último año empiezas a pensar en qué podrás hacer para ganarte la vida, si la carrera y lo que te gusta tiene salidas profesionales, etc. y ahí, ahí es cuando te das cuenta que hay otra gente que fue más práctica, refiriéndome al hacho de elegir otro tipo de estudios, con más salida y con mayor facilidad de entrada en un trabajo fijo, bien remunerado, etc.

Cuando escoges una titulación universitaria donde al terminar hace falta volverte a poner a estudiar para "atrapar" un puesto fijo para toda tu vida, vuelves a recordar lo dicho en el párrafo anterior, lo "práctico" de unas carreras y de otras, pensando siempre en lo que uno quiere hacer o no, si gusta o no. Pues bien, en este punto es cuando tienes que plantearte si haces la oposición o si haces la guerra por ti mismo y te buscas la vida. Eso decidí yo, viendo la dificultad, que no de temario o de cantidad, para aprobar, debido al escaso número de plazas y al planteamiento que se hace de las pruebas.

Desde siempre los jóvenes han tenido que buscarse la vida, pulular de un lado para otro con el fin de encontrar una felicidad (ya sea personal, económica, etc, y no en este mismo orden). Y cuando encuentran algo que, de algún modo satisface alguno de los elementos de felicidad citados antes, se aferran a ello y lo hacen su modo de vida, puesto que se pueden estancar, acomodar, quedarse satisfechos con lo que tienen y no buscar más en la vida, olvidan sus prinicipios universitarios. En cierto sentido se puede entender, porque es cuando se dan cuenta que no todo lo que ves y sientes cuando estudias una carrera se parece tan siquiera un poco a la realidad. Por eso hay que animar a esta gente, que haciendo a un lado su formación y trabajo en los años de estudio, recobran la ilusión por salir adelante haciendo y despempeñando otros empleos y otras funciones.

Con esto, quiero decir que yo soy uno de esos, que ahora me voy a dedicar a un mundo muy diferente de lo que estudié, de lo que aprendí, totalmente diferente, y soy novato en él, pero lo tomo con ilusión, la misma o más que cuando empecé a estudiar algo que me gustaba.

Cuando terminas la carrera y no hay trabajo de lo tuyo, TRANQUILO, siempre hay otras cosas que te gustan y que también puedes hacer, aunque no sepas nada en absoluto de ellas, pero solo la curiosidad puede hacer de primera motivación para aprender.