Era miércoles, anteayer, parecía un día normal. Tenía que trabajar en la oficina y aprovechar la poca afluencia de gente para estudiar un poco las oposiciones. Nos habían dicho que eran 60 días, que no nacerían antes de los 60, y tenían razón. La noche anterior dijimos: "está a punto, hay que cuidarla bien". Y así fue. Laika aparecía entre unos matorrales en una viña a la que se fugó para protegerse no sé muy bien de qué, será el sentimiento maternal. Cuando la encontramos a la mañana ya había nacido uno, y en el tiempo que bajamos a preparar el sitio un poco en el garaje ya quedaba otro entre las hierbas. Eran preciosos, con el hocico comprimido y con una raya blanca entre ojo y ojo. Pero todavía quedaban seis por nacer. El último salió al mediodía, no sé cuántas horas de parto, pero mi perra quedó agotada, y yo allí. Maldije el hecho de no haberme acordado de la cámara de fotos. Pero al día siguiente allí estaba yo, entre descanso y descanso parecía que preparaba un documental para la National Geographic. Cuando pueda accerder a un internet un "poco más rápido" podré subir las fotos, espero que os hagan, por lo menos, la mitad de ilusión que a mí, porque es el mejor regalo que una perra puede darle a su amigo, ocho churumbeles.
1 comentario
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Ay que cousiña máis bonita por Diosa ver se a loliña tamén quere jeje!!!
felicidades abuelo!!!
Besiños!!!