sábado, 21,junio,10:00 am, antigua Facultad de Ciencias de la Educación, Pontevedra.

Hacia buen día, casi no había nubes y el bochorno empezaba a notarse, se auguraba un día de esos en los que no paras de sudar y te sientes "sucio", como si necesitaras tres o cuatro duchas en unas pocas horas. Unos segundos después de salir del portal y dirigirme al exámen ya pude comprobar que se mascaba día de oposición, como esos días de partido de fútbol importante, o de hazañas del asturiano o del "de Manacor". Pude comprobar como la gente iba en mi misma dirección, portando carpetas, un tocho de folios ENCUADERNADO, y "2 bolígrafos del mismo color", que aunque a veces no se podían ver, sí se intuían!
Los opositores se amontonaban delante de la puerta, unos 400 más o menos, bien vestidos, aunque yo esperaba ver algún modelito, dada la importante cita y los comentarios previos, ya que por tradición siempre suele aparecer alguien de traje, con chaqueta, aunque haga mucho calor, pero no, me recoradaba a un exámen masivo de universidad, de esos de convocatorias de septiembre o diciembre. Los comentarios eran siempre los mismos, que si qué temas llevas, que si has metido esto o lo otro en la programación, que si en qué tribunal te ha tocado, etc., en fin, lo normal y esperado.
En la apertura de puertas empieza el baile, como en la peli de Metrópolis, pensaba yo mientras subía las numerosas escaleras, mirándonos todos, abanicándose unas, dada la inmensa mayoría de presencia femenina este día, y con cara de preocupación otras. Me imaginaba la fábrica de la citada película al final de las escaleras, todos al mismo paso, como máquinas, e intentaba concentrarme en evitar la tensión, la preocupación, pero resultaba inútil ante tanta gente resoplando, colorada, abanicándose, resoplando, y resoplando...
Al llegar a la puerta aún había que esperar a que te llamaran, unos treinta minutos en mi caso, y seguían resoplando, mascando el momento lentamente, como una agonía, bueno, como, no, era una auténtica agonía. Me llaman, entro, firmo, me siento. En mi sitio, detrás, una veterana opositora (digo veterana porque lo comentó ella con posterioridad, no porque estuviera entrada en años), de unos treinta, decía que llevaba como siete años presentándose, que si nos molestarían los gritos provenientes de la calle, que había maratón, atletismo, ciclismo y no sé que más, en fin, agonía. Opté por se educado, entendiendo la situación, y mantuve una conversación aguantándome las ganas de decirle que se callara, pero bueno, cada uno aguanta los nervios como puede, no? le di poca conversación con el fin de retener un poco su habladuría, y lo conseguí, pero dio otro interlocutor a su derecha (mierda, ahora se ponen a hablar del exámen, de la programación, de supermodelo, de leyes, de OT, etc, pensé yo). Entonces miré hacia adelante, ahora sí, una veterana opositora también, esta vez entrada en años, y me calló bien, hay que tener fe y nunca se puede dejar de intentarlo. Pensé que ella se merecía la plaza, me imaginé qeu trabajaría en un colegio, de interina, qeu llevaba muchos años ya, pero que necesitaba la plaza fija por si la cambiaban de destino, y le deseé suerte mentalmente.
Con todo esto, nos comentan que tenemos que esperar a que la presidenta del tribunal saque las tres bolas, se lo haga saber a los tribunales de todo Galicia y nos lo hagan saber a nosotros, en resumen, más espera!
A las once menos cinco de la mañana empezamos, tras esciribir los títulos de los tres temas a elegir en el encerado.
Me sorprendo al ver que en media hora tenía medio tema escrito ya, y qeu no se me ocurrían más cosas que mencionar, ya que no era precisamente un tema que me había estudiado, pero sabía que podía hacer un apaño, y con un popurrí de ideas sacar algo decente, al fin, ya había empezado, y no quería levantarme sin escribir una sola letra, por orgullo, y porque algo siempre sabes. La verdad, no me lamenté por no haberme estudiado ese tema, tenía bien claro a lo que iba, si me tocaba uno que sabía pues lo hacía, y si no, pues relacionaba y relacionaba, la cuestión era hacer ver al tribunal que algo había estudiado, redactarlo bien y salir con la cabeza alta, con el sentimiento del deber cumplido, aunque un poco decepcionado por la envidia sana que me invadía al ver que mis "colegas" sabían muy bien el tema elegido. Me alegro por ellos, se lo merecen. Los de Pontevedra y los que conocí en la academia.
Se me había pasado por la cabeza la idea de dedicar la tarde del sábado a preparar la defensa, pero pronto se me pasó, asi que disfruté del buen día de paseo, como el 90% los opositores.

Ahora quedan las exposiciones orales, novedad para mí también, volverán la tensión, la agonía, el calor, el sentimiento de "suciedad", el sudor, la emoción, el resoplo, la espera.

Que aprueben los que verdaderamente se lo merecen, no los demás. Mucha suerte.

Miguel Lois, sin prisa pero sin pausa.