Prensa escrita, informativos, radio, internet, famosos, no tan famosos, gente de todas las culturas y clases, todos están sensibilizados por lo que está ocurriendo desde hace menos de una semana en el peor país social y económicamente de América del Sur.
En las noticias no dejan de aparecer los cuerpos esparcidos en las aceras, en los parques, en las plazas, en los portales, todo es muerte en Haití. Anima, siquiera un poco, comprobar que algunos milagros ocurren, pero pronto nos espetamos contra la realidad. Hoy no tengo ganas de hacer una crítica a la cobertura televisiva de la noticia, a un mayor o menor sensacionalismo, a un mayor o menor abuso de imágenes crueles, sangrientas y violentas, sino que agradezco dicha cobertura, por tirarnos de vez en cuando todas las desgracias del mundo a la cara y recordarnos que somos privilegiados, que también podría haber pasado aquí y que estamos orgullosos de todo lo que se ha empezado a hacer por aquel país hoy no tan lejano.
¿Qué podemos hacer? Los países y las ong´s están colaborando, envían comida, dinero y determinados materiales para la supervivencia. Solo pido una cosa, que al pasar un breve espacio de tiempo no se marche todos y dejen a aquella gente con lo suyo, con su problema. Deberían formar parte de la solución todos y cada uno del os países que se han ofrecido a ayudar. Pienso que ese problema es de todos, independientemente de dónde ha sucedido. Cualquier día puede ser en otro país, sea cuál sea su nivel económico y su posición en el escalafón mundial de mando.

Que no decaiga.