Concha y Conchita
CONCHA Y CONCHITA
Puede imaginarse que la edad, al contrario de lo que piensan algunos/as, da vergüenzas, ofrece otras perspectivas, dudas, inquietudes e inseguridades.
Paradójicamente, las inquietudes adolescentes se suplen con la osadía, el atrevimiento y el desdén. Cuando se es más mayor en años acostumbramos (eso creo) a arriesgar menos, a templar el tiempo y pensar las consecuencias de nuestros actos.
Concha y Conchita forman parte activa de tres generaciones de "Concepciones". La primera enseña y esconde, primeramente, educación, experiencias y anécdotas, seguidamente, esconde su cuerpo, "sus marcas de vida", sus vergüenzas de la edad.
¿Debería esconder todas sus vivencias?
Alguna vez he topado con tipos/as que decían (y que luego me hicieron pensar de igual forma) que todos/a y cada uno/a de nosotros/as somos producto, única y exclusivamente, de todo el cómputo de relaciones y experiencias que vivimos, a quién conocemos, qué conversaciones llevamos a cabo y qué impresiones intercambiamos. Es decir, somos producto de nuestras interacciones, aunque también pienso que la herencia genética juega un papel importante.
Es posible que Conchita, en 55 años, viva de una manera muy parecida a su predecesora homónima, pero por el momento se arriesga, convive con sus iguales, se equivoca, no quiere independencia, sino todo lo contrario, reafirmarse en función de sus relaciones con los demás, de su grupo.
Sea como fuere, de lo que se trata es de sobrevivir, solamente se debe tener un reloj para medir el tiempo y abrocharlo a unas muñecas experimentadas y forzadas por la edad.

1 comentario
Creo que arriesgamos lo mismo, salvo que cuanto mayor sea nuestra edad tenemos más claro lo que NO queremos, gracias a nuestras experiencias, nuestras vivencias, nuestros logros o nuestros fracasos, sobre todo por los fracasos. Efectivamente somos lo que vivimos,algo hay en la genética, pero poco.
Si un niño vive con las críticas, aprende a condenar.
Si un niño vive con la hostilidad, aprende a pelear.
Si un niño vive con el ridículo, aprende a ser tímido.
Si un niño vive con la vergüenza, aprende a ser culpable.
Si un niño vive con la tolerancia, aprende a ser paciente.
Si un niño vive con el aplauso, aprende a confiar.
Si un niño vive con el elogio, aprende a apreciar.
Si un niño vive con la seguridad, aprende a tener fe.
Si un niño vive con la aprobación, aprende a gustarse.
Si un niño vive con la aceptación y la amistad, aprende a encontrar amor en el mundo.
Por lo tanto no debemos avergonzarnos de nuestras vivencias, solo sacarle partido a ellas, aunque sean malas. Para sobrevivir nos alejamos de lo que nos hace daño. Pocas cosas en esta vida son fáciles. "Todo lo que merece la pena, cuesta conseguirlo" ............... Se trata de VIVIR, y cuando lo consigues la sensación de libertad compensa con creces lo malo vivido...Así que VIVE.
30 abr 2011 | 07:38 PM
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